Los Salmos contienen poemas, oraciones y cánticos. Estos
surgieron de la experiencia religiosa de la adoración a Dios por su pueblo
Israel. En los salmos se usa la palabra para dirigirse a Dios y por medio de
las experiencias y las aspiraciones más profundas del anhelo del alma: Se
escriben recitaciones de las luchas y esperanzas, triunfos y fracasos,
adoración y rebeldía, gratitud y arrepentimiento; es precisamente el clamor
surgido de la enfermedad, la pobreza, el exilio, la injusticia y todas las calamidades,
miserias que afectan a la humanidad.
También hablan los salmos de la creación, de los hechos
prodigiosos y maravillosos de Dios con el llamado a su pueblo Israel, para que
sea un pueblo para él. Los aciertos y desaciertos de sus siervos, en su
vivencia día a día, en su comportamiento hacia Dios omnipotente. En una
evocación e inspiración de sus cánticos.
Es interesante saber y leer en las Escrituras, en el
evangelio a nuestro Señor Jesucristo citando a los Salmos durante su
ministerio. De los cuales los nombra en
la tentación en el desierto. Mat 4:6; Sal 91:11-12. En las enseñanzas del
Sermón del Monte; Mat 5:7; Sal 18:25; Mat 5:35; Sal 48:2; Mat 7:23; Sal 6:8.
Sus últimas palabras en la cruz; Mat 27:46 y Sal 22:1; Luc 23:46 y Sal 31:5.
Los Salmos en toda la historia han servido de inspiración
tanto a judíos como a cristianos. El pueblo de Israel expresó su fe entonando
los salmos, en el templo de Jerusalén, y en el judaísmo en las sinagogas,
haciéndolos una parte esencial en el culto. La iglesia los incorporó en los
cantos de la fe cristiana. De igual forma son de inspiración divina las
profecías del Mesías, centradas en el rey David, se identifican con el Hijo de
Dios, con Jesucristo. Hech 2:30.
El libro de los Salmos,
recopilado al regreso del exilio en Babilonia, incluye los escritos desde el
desierto, donde se origina el nacimiento del pueblo de Israel, hasta unos 400
años antes de Jesucristo. Estos Salmos se conformaron en himnos y se utilizaron
desde el tiempo del rey David, por los judíos y durante la reconstrucción del
templo de Jerusalén. Luego en los cánticos en el templo conocido como el
segundo templo de Jerusalén, construido después de unos 35 años de la salida
del exilio en Babilonia.
Después del exilio en Babilonia se continúa hasta la
actualidad, entonando estos Salmos. El nombre hebreo del libro se llama Tehilim,
que significa “cántico de alabanza”. El título castellano “Salmos” se deriva de
la Vulgata, donde recibe el nombre “Libro de los salmos”. El latín, a su vez,
lo toma de la Septuaginta LXX, en la que este libro se llama Psalmoi o “Cantos
para instrumentos de cuerda”, a pesar de que solo unos pocos de ellos se
identifican en el texto hebreo como “cantos para instrumentos de cuerda” en
hebreo: mizmor. En ocasiones se da al libro el nombre de “Salterio”, derivado
del griego: psalterion; que es el
nombre del instrumento de cuerdas o “lira” que se usaba en la antigua Grecia
para acompañar el canto.
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