Salmo 10 Por qué te escondes de mí Señor

¿Por qué te escondes? Pregunta el rey David, ante la angustia del justo frenta a los malos. Pero confia en la protección Divina ante los oprimidos. 

Sal 10:1  ¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en tiempos de tribulación? 

Sal 10:2  Con arrogancia el malo persigue al pobre; sean atrapados en las maquinaciones que han ideado. 

Sal 10:3  Porque se jacta el malo del deseo de su alma y, bendiciendo al codicioso, desprecia a Jehová. 

Sal 10:4  El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos. 

Sal 10:5  Sus caminos son firmes en todo tiempo; tus juicios están por encima de él; resopla con desprecio a todos sus enemigos. 

Sal 10:6  Dice en su corazón: No seré movido de generación en generación ni estaré en infortunio. 

Sal 10:7  Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; debajo de su lengua hay vejación y maldad. 

Sal 10:8  Se sienta al acecho cerca de las aldeas; en los escondrijos mata al inocente; sus ojos están acechando al desvalido. 

Sal 10:9  Acecha en oculto, como el león desde su cueva; acecha para arrebatar al pobre; arrebata al pobre trayéndolo a su red. 

Sal 10:10  Se encoge, se agacha, y caen en su poder muchos desdichados. 

Sal 10:11  Dice en su corazón: Dios lo ha olvidado, ha escondido su rostro; nunca lo verá. 

Sal 10:12  Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano, no te olvides de los pobres. 

Sal 10:13  ¿Por qué desprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho que tú no lo inquirirás. 

Sal 10:14  Tú lo has visto, porque tú miras el trabajo y la vejación, para dar el pago con tu mano; a ti se acoge el desvalido, tú eres el ayudador del huérfano. 

Sal 10:15  Quebranta el brazo del malo y del maligno; buscarás su maldad, hasta que no halles ninguna. 

Sal 10:16  Jehová, Rey eterno y para siempre; de su tierra fueron destruidas las naciones. 

Sal 10:17  El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; tú dispones su corazón, haces atento tu oído. 

Sal 10:18  Para juzgar al huérfano y al oprimido, a fin de que no vuelva más a causar terror el hombre de la tierra. 

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